La neblina y el hombre mortal.
Juventud, divino tesoro, ¡ya te vas para no volver!... Cuando quiero llorar, no lloro, y a veces lloro sin querer... ¡Mas es mía el Alba de oro! Rubén Darío, en este fragmento parece lanzar un alarido de dolor al perder la juventud, lo cierto es que la juventud lo más preciado se nos escapa sin que podamos hacer nada, porque la cirugía tapan las arrugas más no los años, se va la juventud como la salida del sol. Que sale en un día y en el mismo día muere, como la flor del campo que hoy es y ya mañana no esta. El poeta parece encontrar alivio en el Alba de oro, que es la experiencia, la madurez, el éxito en la adultez, y la participación en la vida como seres humanos realizados. Pero también se va, y llega la vejez y el hombre, ser humano nos disipamos como neblina, y volamos a otro mundo, talvez mejor para unos, talvez peor para otros, pero todos morimos, unos mueren en el feto, otros siendo bebes, otros siendo niños, otros siendo jóvenes, otros siendo adultos y otros siendo ancianos. D...